30/11/14

El verdadero significado de la navidad

Pareciera que la navidad deber ser una época de paz y de tranquilidad, que prepara nuestros sentidos y nuestra existencia para celebrar algo especial, pero no es así. 

Los que celebramos la navidad en el mundo, somos bombardeados desde finales del mes de octubre con publicidad de lo que “debe ser la navidad”.  En las tiendas de mayoreo, se pueden apreciar los pinos artificiales navideños y paquetes de luces en los estantes.  El “coco-wash” del marketing inicia desde entonces a invadir nuestras mentes con imágenes de adornos que lucirían espectaculares en la sala o en el comedor de nuestras casas.  Yo acepto que he sido víctima de este “coco-wash” desmesurado.  Hay personas que deciden forrar sus casas con luces y hasta hay competencias para ver qué casas tienen más luces.  Hace poco vi una entrevista en la TV, en la que un terrestre de una de estas competencias decía que si las luces no se veían desde el espacio, era mejor no entrar a la competencia.  También están las personas que exhiben estrés navideño porque tienen que comprar regalos y les falta tiempo y dinero para cumplir con esa lista enorme.  Luego están aquellos papas que deciden comprar toda la juguetería, por aquello de que los hijos no vayan a tener un trauma de por vida o en su caso un berrinche por no recibir el regalo que pidieron a San Nicolás.  

El ir al centro comercial es un caos, hay tráfico y embotellamiento por doquier y la paciencia de los conductores digamos que no representa el espíritu navideño, sobre todo cuando el claxon repentino te hace saltar de tu asiento o cuando los conductores se insultan con palabras creativas y coloridas en medio del tráfico.  Al llegar a los centros comerciales no hay estacionamiento y te encuentras con que el espacio al que le echaste el ojo, te lo acaban de ganar (#*$%!).  También está el estrés de la dietas, pues se llegan las fiestas de la temporada y hay que lucir el vestido rojo para impresionar a todas las amistades en la posada.  Las posadas ya no son posadas, solamente son “fiestas” donde todos se ponen a bailar y a tomar hasta ponerse hasta las chanclas.  Todo esto, es nuestra preparación para la navidad.  En medio del caos, del estrés, de los excesos y de las apariencias, pensamos que en realidad estamos preparándonos para la navidad, olvidándonos de su verdadero sentido. 

En realidad, al ver tantas luces y adornos navideños a nuestro paso,  deberíamos de hacer una pausa mental y reflexionar sobre el verdadero significado de la navidad. Hace tiempo, pase por una epifanía mental en medio del caos, todo se detuvo en cámara lenta a mí alrededor y me pregunte si todo lo que estaba haciendo, en realidad nos estaba preparando para la verdadera celebración de ese día tan especial.  Desde entonces, el centro de nuestros adornos navideños es un pesebre y una corona de velas que encendemos cuatro domingos antes de la navidad; realizamos actividades de adviento con nuestros hijos para sembrar en ellos conciencia del verdadero significado de esta celebración y así apartarlos de falsas expectativas de lo que las influencias externas nos imponen. 

En realidad los colores navideños, las tradiciones, los símbolos, los adornos, y los regalos, giran alrededor de lo que es el centro de la celebración de la navidad: el nacimiento de un bebe que vino a traer paz al mundo y un mensaje alentador de esperanza y de amor para la humanidad.  El verdadero sentido de la navidad es recordar ese mensaje y renovarnos con esa luz, para llevarla como antorcha encendida en nuestros corazones hacia los demás.  Esta celebración es para que en su nombre, se  unan familias, sanen corazones, busquemos el perdón y perdonemos a los demás, y compartamos nuestro tiempo y generosidad con los más necesitados.  Es simplemente, ser extensiones vivas de esa luz como las luces navideñas que adornan nuestras casas, sin tener que pasar por el estrés, el caos, el consumismo y las apariencias.  Es ser una mejor versión renovada de nosotros mismos, una oportunidad más en nuestras vidas para dar a amor y paz a los demás, sin esperar nada a cambio


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