28/06/13

Cuando dejamos ir una oportunidad y enterramos nuestros talentos...


Hay muchos jóvenes que soñaron trabajar en la NASA desde niños y después de crecer enfocando sus vidas en cursar una carrera en la ciencias para poder llegar a la NASA, son rechazados al solicitar trabajo en tan prestigiosa institución. Hace más de medio siglo (aun es el caso en algunos países), a las mujeres no se les permitía ni siquiera estudiar y  con el paso del tiempo no podían cursar o ejercer en una carrera en las ciencias o en las matemáticas, algo que era considerado campo solo para hombres (yo fui la única mujer en mis clases aeroespaciales en la Universidad de Oklahoma durante mis inicios). 

Como mujer profesionista ejerciendo en el campo aeroespacial, no puedo imaginar que alguien hubiese prohibido mi propio desarrollo académico o mis deseos de estudiar solo por cumplir con un estatus social o con una norma religiosa; ahí esta el caso de la adolescente Pakistaní Malala Yousufzai, quien fue baleada por el Taliban por promover la educación entre las niñas de su país.

Para mi esto de estudiar para la superación y realización personal como mujer es muy importante.  Mi propia abuela me alentaba a seguir adelante, recordando que ella misma paso por este tipo de prohibición (el bisabuelo le escondía los zapatos para que desistiera de asistir a la escuela) y solo estudio hasta el 3er grado de primaria. 

Con respecto a la chica veracruzana que decidió no aceptar la oferta de la NASA para participar en el proyecto Marte 2020, según el articulo publicado por el Universal de México, opino que esta desaprovechando uno de sus mejores talentos y por lo tanto deja ir un gran oportunidad.

Estoy de acuerdo que el matrimonio y la familia son prioridad y que además es lo mejor de la vida porque te da muchas satisfacciones y llena tus expectativas de plenitud y realización en otros términos, pero la realización de una mujer en el ámbito profesional y espiritual es importante para mantener el equilibrio y el sentido de pertenecencia a una productividad global y también para mantener autonomía.  Es cierto que ejercer la carrera no es para todas, y una vez que decides formar una familia, te inclinas mejor hacia ese lado la balanza (también es una gran labor).  Sin embargo, no hay que desaprovechar los talentos que se nos fueron otorgados y mucho menos enterrarlos en un baúl de futuros recuerdos cuyo pasado luego nos asecha con preguntas como: ¿Qué hubiera pasado si…?

A esta joven le digo que cada cabeza es un mundo y se respeta su decisión. 

Sin embargo le recuerdo, que con el paso de los años se han abierto muchas puertas para nosotras (algo que la abuela quisiera haber vívido personalmente, a pesar de ser madre de 11 hijos). Ese es mi constante recordatorio para las niñas hispanas en este país cuando doy platicas publicas.   Poseemos un historial de lucha por el derecho al saber y el ejercer en campos predominantemente masculinos y no podemos dejar que esta sea una lucha en vano.  El premio al esfuerzo de una educación es la realización de saber que tienes grandes talentos, que lo lograste y que puedes competir y desempeñar bien en una industria global  dominada por hombres. 


Todo llega a su debido tiempo y hay etapas para todo.  Este es el momento de pensar en tu futuro y en tu valor como mujer.  Ojala que te vaya bien y espero te realices como mujer en el campo familiar (que también es muy importante y valioso).  Aun así, felicidades por tus logros hasta ahora y por los futuros logros que vas a obtener como esposa y madre de familia.   Suerte!

Corrección:
Una nueva publicaciónaclara que esos no fueron los motivos por los que no pudo incluirse al proyecto.  Me alegra saber que aun sigue con el dedo en el renglón.  Felicidades por tu capacidad Esmeralda, éxito en el futuro.   

30/05/13

Les Miserables de Estados Unidos


Cuando estaba en la secundaria en México, tenía una maestra de español a la que apreciaba mucho, se llamaba Carmen.  Aunque su materia no era de mis favoritas, con el paso del tiempo lo termino siendo.  Sus clases de literatura nos transportaban a todos los lugares históricos que cambiaron en su época los ideales de la sociedad.   Con sus historias realicé muchos viajes de imaginación sin necesitar avión alguno.  Sus historias me llevaban a donde estuvieron David y Goliat en tierras de oriente, a Grecia donde tomo lugar la Ilíada de Homero, a tierras toscanas con los poemas de Dante, a las tierras andaluzas con el Quijote y al imperio ruso con Leo Tolstoi y su obra de Guerra y Paz. La literatura me inspiro tanto que desde entonces me he propuesto viajar a estos lugares, encontrando en cada uno de ellos bellas memorias de estas lecturas sin necesitar guía turística.  Finalmente, las obras que cambiaron todas las percepciones sociales con sus paradigmas y contradicciones en mi juventud, fueron “Les Miserables” por Víctor Hugo y “Las Uvas de la Ira” de John Steinbeck.  Ambas obras me ayudaron a sembrar una semilla de compasión y responsabilidad social que por ende me han dado una perspectiva diferente hacia las necesidades de los demás.

Irónicamente, “Las Uvas de la Ira” fue una novela que yo misma viví de alguna manera durante mi infancia, al recorrer con mi familia las rutas de la “pizca” desde México hasta el estado de Washington, pasando por Oregón, Montana y terminando en California para la “pizca” de la cereza y de la uva.  La palabra correcta es “recolección de fruta”, pero me vale un pepino ser políticamente y gramaticalmente correcta, por respeto a los inmigrantes trabajadores que se parten el lomo a diario para hacer posible que estas frutas y verduras frescas lleguen en las mejores condiciones hasta los supermercados de todos los Estados Unidos.




Nosotros éramos “trabajadores temporales”, ya que regresábamos a México después de los veranos.  Recuerdo que todos mis compañeros de clase se maravillaban de lo genial de mis vacaciones al comentarles los lugares que había recorrido durante mi estancia en los Estados Unidos, sin imaginar que aunque parecería un viaje de campamento y aventura, más bien era algo así como un viaje de jornaleros siguiendo una ruta de frutas que tenían que ser recolectadas.  A pesar de eso, para los ojos de una niña como yo, siempre eran viajes de aventura y exploración, era la oportunidad de hacer experimentos con la tierra, de construir casitas de las ramitas de madera que caían de los cerezos, de observar hojas con orificios, bichos, frutas secas, estrellas fugaces y lagos profundos en paisajes encantados.  

¿Por qué escribo esto?

Primero, porque hace poco tuve la oportunidad de ver la película de los Miserables que me trajo grandes memorias de mis lecturas y me pareció genial.  No son los mejores cantantes, pero si muy buenos actores.  Segundo, porque tiene un mensaje de responsabilidad social y este me hizo recordar que todos la tenemos.  Digamos que la película idealiza la bondad de los clérigos de la iglesia católica, la filantropía y generosidad de un hombre como Jean Val jean, la justa pero injusta obligación de la autoridad y tristemente muestra la realidad grotesca de los sufrimientos que padecemos los seres humanos, los miserables.   Tercero, porque en esta última categoría es donde aún se encuentran los hispanos indocumentados de este país, aquellos que tuvieron la suerte de cruzar hasta este lado del río en busca de mejores oportunidades, pero que aún siguen siendo una sociedad al parecer marginada y marcada por su estatus ilegal.  Los que más me llama la atención por su condición de vida, son los que siguen recolectando fruta, los” pizcadores”, los llamados “migrant workers” y los niños de estos que ayudan a sus padres en la pizca. Pienso: ¿Qué de la educación de estos pequeños? ¿Qué de aquellos que no obtuvieron una oportunidad como yo o como otros? ¿Qué de aquellos que tendrán que seguir el oficio de sus padres por generaciones sin poder alcanzar el sueño americano? ¿Qué de aquellos que llegaron a la universidad, pero no pueden obtener un trabajo digno de su esfuerzo por su estatus migratorio?

Ahí es cuando reflexiono en la noción de que todos tenemos una responsabilidad social, ahí es cuando sigo firme en apoyar una reforma migratoria y en seguir alentando a las minorías hispanas a obtener una educación superior.  Todo por el bienestar de las familias, por el llegar a ser una mayoría educada en números y por la oportunidad de alcanzar los sueños sin el obstáculo de ser etiquetado por un estatus legal.  

P.D.  Vean este documental de niños que trabajan en la pizca y la pagina web para ayudar de alguna manera.  Se llama “The Harvest” o “La Cozecha” producida por Roberto Rumano.